"Del mito al logos" (Vom Mythos zum Logos) es el título de una obra del filólogo alemán Wilhelm Nestle, escrita en el año 1940. Con esta expresión el autor quería significar la transición entre el pensamiento mágico y el racional. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los terrenos del mito siguen siendo demasiado amplios, a costa del logos. Aun entendiendo que la frontera que las delimita no es una gruesa línea recta, sino un trazado sinuoso y sorprendente, conviene no confundir estas dos naciones. Es lo que trataremos de hacer aquí. Bienvenidos.

domingo, 13 de septiembre de 2009

¿Dialéctica o matrioskas rusas?

El pasado 31 de julio, Carlo Frabetti, en su columna-blog 'El juego de la ciencia', defendía la utilidad y pertinencia del razonamiento dialéctico como herramienta intelectual privilegiada para el conocimiento y transformación del mundo ('La revolución dialéctica'). Hace dos días, el 11 de septiembre, en esa misma columna, Frabetti quiso poner un ejemplo concreto de aplicación del razonamiento dialéctico ('Semántica, semiótica y dialéctica'), que reproduzco aquí:

"La semiótica estudia los significados de los sistemas de signos en general; el lenguaje es un sistema de signos concreto, cuyos significados estudia la semántica; por lo tanto, la semántica es un caso particular de la semiótica, está contenida en ella. Pero este silogismo aparentemente impecable nos lleva a una curiosa paradoja. Pues la semiótica se formula mediante palabras, y por tanto es una de las innumerables construcciones lingüísticas cuyos significados estudia la semántica; consiguientemente, la semiótica está contenida en la semántica. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?"

No soy un entusiasta del método dialéctico (hegeliano-marxiano) como forma de razonamiento científico. Creo que su mayor valor reside en su carácter metafórico (ya se sabe, el conocimiento como 'diálogo' con la naturaleza o como síntesis final entre la subjetividad del cognoscente y la objetividad de la realidad externa, y cosas así), pero no me parece que sea una forma habitual de razonamiento de las personas; creo que la mente humana funciona rutinariamente (en el ámbito científico tanto como en el común) con un esquema grosso modo lineal de causa-efecto.

Pero no me quiero detener en este punto. Tanto si uno es un firme defensor de la dialéctica como si es más bien un escéptico o un furibundo detractor de aquélla, pienso que el ejemplo elegido por Frabetti no es particularmente bueno. Él pretende convertir en paradoja -desde el punto de vista del pensamiento 'monoléctico' (como él lo llama)- algo que puede resolverse sin mayores problemas a partir de los metalenguajes de Tarski.

Es muy sencillo. Si tomamos la famosa paradoja del mentiroso o 'paradoja de Eubulides', reformulada de la siguiente manera,

Soy Eubulides y afirmo que estoy mintiendo


y empezamos a razonar, terminamos concluyendo que si Eubulides miente, entonces dice la verdad, y que si dice la verdad, entonces miente. El lógico polaco Alfred Tarski, en su teoría semántica de la verdad, abordó paradojas similares y las resolvió introduciendo el concepto de metalenguajes, es decir, lenguajes de distinto nivel referencial (un metalenguaje hace referencia a un lenguaje de nivel inferior que, a su vez, hace referencia a la realidad). De este modo, la paradoja anterior quedaría formulada de esta manera:

Soy Eubulides y afirmo: "estoy mintiendo".

Así, la afirmación de Eubulides se constituye en metalenguaje, puesto que hace referencia no a la realidad, sino a una proposición lingüística ("estoy mintiendo") que, esta sí, refiere directamente a la realidad. Podría decirse que el metalenguaje contiene dentro de sí al lenguaje, como una matrioska rusa contiene a otra. En este ejemplo sólo he utilizado dos niveles de lenguaje, pero podrían ponerse ejemplos de metalenguajes de un número indefinido de niveles hasta llegar al lenguaje 'primero'.

Pues bien, en el ejemplo presentado por Frabetti, la aparente paradoja que él plantea puede resolverse por un expediente similar al de los metalenguajes, como sería el de las definiciones. Sería cuestión de formular la definición inicial de 'semiótica' y, dentro de ella, la definición de 'semántica'. La cosa quedaría más o menos así:

La 'semiótica' es {el estudio de los significados de los sistemas de signos en general, una de cuyas especialidades es la 'semántica', que es [el estudio de los significados del sistema de signos lingüísticos en particular]}.

En este caso, las llaves {} representan el nivel del metalenguaje, que es el de la definición de 'semiótica', y los corchetes [] representan el nivel lingüístico inferior de la definición de 'semántica', definición que queda contenida en la de 'semiótica'. De modo que la semiótica y la semántica, a partir de sus definiciones, dejan de 'contenerse mutuamente como dos manos entrelazadas', tal y como Frabetti afirma. Más que dos manos entrelazadas, semiótica y semántica se asemejan a un modesto kit de matrioskas rusas, en las que una de ellas contiene a la otra sin la posibilidad de confusión a este respecto.

Eso es todo, creo.


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