"Del mito al logos" (Vom Mythos zum Logos) es el título de una obra del filólogo alemán Wilhelm Nestle, escrita en el año 1940. Con esta expresión el autor quería significar la transición entre el pensamiento mágico y el racional. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los terrenos del mito siguen siendo demasiado amplios, a costa del logos. Aun entendiendo que la frontera que las delimita no es una gruesa línea recta, sino un trazado sinuoso y sorprendente, conviene no confundir estas dos naciones. Es lo que trataremos de hacer aquí. Bienvenidos.

viernes, 30 de octubre de 2009

Elogio de la mentira, o de la honestidad como aberración: un experimento psicológico



De nuevo, una pequeña joya de la investigación científica. En este caso ha corrido a cargo de Joshua Greene, profesor de psicología de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Harvard, que ha conseguido establecer lo siguiente: las personas honestas (en su acepción de personas probas, rectas u honradas) no necesitan ningún esfuerzo volitivo para tener comportamientos... honestos (Neuroimaging suggests truthfulness requires no act of will for honest people). La investigación se ha llevado a cabo mediante técnicas de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI en sus siglas en inglés), un procedimiento que permite detectar la actividad en zonas cerebrales localizadas gracias a la medición del flujo sanguíneo y la mayor o menor concentración de deoxihemoglobina en tales zonas.

El experimento ha consistido en someter a un grupo de personas a situaciones en las que mentir les podría resultar económicamente ventajoso. El estudio muestra que las personas que mentían en tales situaciones evidenciaban una mayor actividad, reflejada por las técnicas de fMRI, en determinadas zonas de la corteza cerebral asociadas con el control y la atención. Por contra, las personas honradas, que no mentían, no manifestaban signos de actividad en tales zonas cerebrales. El comunicado original de la Universidad de Harvard se limita a concluir que los procesos cognitivos asociados con la honestidad dependen más de la ausencia de tentaciones que de una resistencia activa frente a éstas, es decir, que los comportamientos honrados son cognitivamente más cómodos... al menos para las personas honradas, puesto que el mismo estudio afirma que un comportamiento honesto en personas deshonestas sí supone una mayor actividad cognitiva en las zonas cerebrales asociadas con el control y la atención.

En definitiva: según este estudio, la gente honesta no necesita hacer ningún esfuerzo volitivo para tener comportamientos honestos, en tanto que la gente deshonesta siempre desarrolla esfuerzos volitivos, tanto cuando se comporta honestamente como cuando no. Hasta aquí, el estudio es poco más que un dispositivo experimental para demostrar una tautología -que, como se sabe, es una verdad autoevidente y por ello indemostrable- la de que "las personas honestas son las que se comportan de forma honesta". La investigación, según parece, no nos lleva mucho más allá en el conocimiento de los arcanos de la naturaleza humana, aunque existe cierta confusión entre la definición operativa de honestidad -la que se ciñe exclusivamente al comportamiento de los individuos en el dispositivo experimental- y una clasificación esencialista, pues también se habla de personas 'honestas' de una forma más general, como si se tratase de una categoría previa que el experimento no viene sino a confirmar. (Por cierto, ¿tanto dinero tiene la Universidad de Harvard como para financiar proyectos de este tipo?)

La página web Tendencias 21, adscrita a la Cátedra de Ciencia y Tecnología de la Universidad Pontificia de Comillas, titula, sin embargo, la noticia sobre este estudio de una forma bastante llamativa: Un estudio del cerebro demuestra que el hombre es naturalmente honesto. Es evidente que este estudio no demuestra tal afirmación de ninguna manera, aunque es posible que la orientación confesional de la Universidad de Comillas haya tenido algo que ver en la presentación de semejante titular. Según esta manera de ver las cosas, el hombre sería naturalmente honesto por no suponerle tal comportamiento ningún esfuerzo cognitivo o volitivo. Pero esto es tanto como decir que el hombre es naturalmente ignorante, perezoso, sucio o amante de la contemplación -en definitiva, un completo idiota- por la misma razón.

En resumidas cuentas, la inercia cognitivo-volitiva no parece explicar gran cosa acerca de nuestra forma de ser. Justamente se tiende a definir al ser humano como un animal práxico, esto es, definible por lo que hace y por cómo lo hace, no por lo que no hace. El experimento comentado más arriba, y sobre todo la particular interpretación hecha por la web Tendencias 21, apuntan a una interpretación de esencias más que de actitudes (la gente honrada es la que se comporta de forma honrada y además esto es lo natural en el ser humano). La aplicación de las sofisticadas técnicas de neuroimagen por resonancia magnética no es -creo- sino una coartada metodológica para tildar de científica una investigación que no supera el rango de lo anecdótico: todo el mundo sabe que la verdad se dice, mientras que la mentira se inventa (lo que, evidentemente, supone un esfuerzo cognitivo).

Mentir es imaginar, elaborar y presentar ante los demás una realidad falsa; mentir es una actividad constructiva, un ejercicio cerebral de primer orden. Estoy hablando, claro, de la mentira en tanto actividad intelectual, y no me refiero a los dispositivos biológicos de ocultación, camuflaje o disimulo (un camaleón no miente cuando cambia la coloración de su piel). Justamente, el descubrimiento de que bonobos y chimpancés son capaces de mentir los ha hecho, ante nuestros ojos, más 'humanos'. Incluso en lo que se considera como la más alta distinción intelectual de la mente humana -la interpretación racional de la realidad- existe un trasfondo de mentira y de impostura. Alargando un poco a Descartes: miento, luego pienso, luego existo.

Por eso, en mi opinión, el estudio del profesor Greene no va más allá de la constatación de una trivialidad por resonancia magnética funcional; y es que parece que todo lo relacionado con las neurociencias es hoy por hoy como el saco del Tío Calambre, que de tanto que hay dentro nadie pasa hambre (y menos que nadie los psicólogos).

Así, mentir puede ser un ejercicio intelectualmente muy saludable, una gimnasia cognitiva que nunca viene mal y que forma parte de la naturaleza humana (sea lo que sea lo que quiera decirse con esta palabra). Conviene no olvidar, sin embargo, la advertencia del gran pensador cubano Dinio:

"no mientas la veldad".

martes, 27 de octubre de 2009

Una cita de Santiago López Petit

Pensar no tiene nada que ver con sentarse y esperar -aunque tampoco trabajar- hasta que uno le venga alguna idea. Pensar es una actividad forzada, un funcionamiento llevado al límite del propio pensamiento. Pensar es sacar pensamiento del propio pensamiento. Y lo que nos fuerza a hacerlo es la propia vida. Querer vivir nos obliga a pensar. Pensar es por tanto un gesto radical que tiene que ver más con la insensatez que con el asentimiento. Y es un gesto radical porque antes que nada consiste en interrumpir la normalidad, es decir, esa movilización total en la que estamos insertos y que llamamos vivir. Pensar es, pues, interrumpir el sentido común, agujerear la realidad, destruir el manto de obviedad que la protege, en definitiva, abrir espacios de vida.

Santiago López Petit, profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona

domingo, 25 de octubre de 2009

La reapertura del Hospital Homeopático de San José: el indiscreto encanto de las medicinas alternativas






Las fotografías pueden verse a mayor tamaño pinchando sobre ellas.

El Instituto Homeopático y Hospital de San José, el primer hospital homeopático de España, ubicado en el barrio madrileño de Chamberí, reabrió sus puertas el 24 de octubre, después de nueve años de obras de remodelación. El edificio albergará un Museo de la Homeopatía -algo sin duda muy instructivo y que recoge parte de la historia de esta institución- y en él se impartirán clases de homeopatía, acupuntura y moxibustión, además de conferencias sobre temas relacionados. También, según parece, dispondrá de un Consultorio Homeopático Benéfico Asistencial.

La historia de esta institución -como puede verse en este enlace- está muy vinculada a las prácticas homeopáticas y a las labores de asistencia social y sanitaria. En su etapa final, hasta su cierre en 1980, el hospital funcionó como residencia de ancianos, en unas condiciones materiales bastante precarias. E
l edificio estuvo languideciendo durante muchos años y por eso su recuperación y reutilización deberían ser, en principio, buenas noticias. El museo homeopático y el rico fondo bibliográfico sobre homeopatía con que cuenta esta institución son bienes patrimoniales que todos los ciudadanos deberíamos poder disfrutar.

Sin embargo, creo que la reapertura del hospital, tal y como ha sido programada, se ha convertido en un depósito de oportunidades perdidas. Como puede apreciarse en las fotos de arriba, el instituto va a retomar la práctica de actividades relacionadas con la homeopatía, a las que se van a añadir el desarrollo de otras vinculadas con la acupuntura y la moxibustión. Y todo ello con el apoyo y patrocinio del Colegio Oficial de Médicos de Madrid (a través de la Asociación de Médicos Acupuntores adscrita a aquél) y de la Asociación Española de Farmacéuticos Homeópatas.

Se ha perdido así una magnífica oportunidad para desenmascarar las prácticas homeopáticas como lo que verdaderamente son: fraudes pseudocientíficos (en esta entrada del blog aparece un documental que ilustra perfectamente esta afirmación; también en esta otra se ofrecen algunos datos de interés). Creo que hubiese sido mucho más interesante aprovechar esta reapertura para exponer, en términos didácticos y claros, los contrastes entre los métodos de la medicina científica y las supercherías de la homeopatía. Sobre la eficacia de la acupuntura, remito a este enlace para una valoración crítica de esta práctica. También en este otro vínculo se habla de la acupuntura y de la moxibustión desde una perspectiva escéptica.

Es una lástima que no se haya considerado seriamente la posibilidad de convertir el Instituto Homeopático de San José en un centro de interpretación de la realidad de las medicinas alternativas en el contexto de nuestros actuales conocimientos científicos y de la propia historia de la medicina.
Una buena idea, creo, hubiese sido habilitar una exposición permanente -en el propio espacio del museo homeopático- que pusiera en evidencia el carácter pseudocientífico de estas 'medicinas' alternativas y desvelara las mentiras, las falsas verdades y las creencias erróneas que circulan alrededor de estas prácticas. Sería como aplicar el principio de justicia poética: el primer hospital homeopático de España, transformado en una institución que centralizara los estudios críticos sobre la ecología pseudocientífica que puebla nuestro país.

Dicen que, poco antes de morir, el padre de Joaquín Sabina, policía nacional -o guardia civil, no estoy seguro- se preguntaba de dónde sacarían tanto dinero las diputaciones provinciales. Como pregunta retórica, yo me hago la siguiente: ¿cómo es posible que la práctica de las llamadas medicinas alternativas tenga tanta audiencia entre los colectivos de médicos y farmacéuticos (sobre todo entre estos últimos, cuya formación química es particularmente fuerte)?

En fin, ya se sabe: aprender a leer no es una vacuna contra el analfabetismo.

lunes, 19 de octubre de 2009

De sonrisas y lágrimas: la predictibilidad fotográfica de los futuros divorcios



No sé si este artículo científico que he encontrado en la web Tendencias21, y que se titula 'La intensidad de la sonrisa en las fotografías predice el divorcio años después' (original en inglés en este enlace) puede considerarse un hito en los estudios de psicología evolutiva, una investigación digna de los premios IgNobel para el año 2010, una memez irrelevante o una propuesta pseudocientífica revestida de buena ciencia por el simple uso de herramientas estadísticas.

En resumen, el psicólogo Matt Hertenstein y su equipo, de la DePauw University de Chicago han llegado a la conclusión, mediante un estudio de correlación estadística, de que la intensidad de las sonrisas de una persona en sus fotos permite vaticinar, con un alto grado de exactitud, si esta persona va a divorciarse o, por el contrario, mantendrá un vínculo sentimental estable a lo largo de su vida.

Para ello, han cuantificado la intensidad de dos muecas asociadas a la expresión habitual sonriente (movimiento hacia arriba de las mejillas y de las comisuras de los labios) en una muestra de voluntarios, han elaborado un cuestionario con preguntas a estas personas sobre su vida sentimental y han acoplado ambos grupos de datos mediante tratamientos estadísticos convencionales. La conclusión ha sido la antes citada, esto es: a mayor intensidad de las muecas de sonrisa en las fotos, mayor probabilidad de relación sentimental estable.

Los investigadores han formulado hasta tres hipótesis para explicar esta asombrosa correlación: las actitudes sonrientes reflejan una muy buena disposición para las relaciones sociales, existe una predisposición genética que, en interacción con el ambiente, explicaría estos resultados y, por último, las expresiones emocionales tienen el valor de un signo en un contexto de ecología conductual.

Se me ocurren algunas dudas metodológicas con relación a este estudio: ¿son fiables las expresiones de las fotos como fiel reflejo de la estructura emocional subyacente de una persona? A fin de cuentas, todos hemos dicho más de una vez 'patata' para forzar una sonrisa agradable en una foto de posado, sin que de ahí cupiera concluir nada sobre nuestro verdadero estado de ánimo. Otra pregunta: el estudio está hecho con casi un noventa y ocho por ciento de personas de 'raza 'caucásica. ¿Sería posible que otras 'razas' (negros, indios, chicanos, orientales) tuviesen una predisposición genética -o cultural- distinta a la hora de expresar sus estados de ánimo? Ítem más: ¿no habrá confundido este estudio correlación con causalidad? Es sabido que dos parámetros que guardan entre sí una correlación estadística no tienen por qué mantener una relación causal (por ejemplo, el que las aves migratorias emprendan el vuelo hacia el sur cuando las hojas de los árboles empiezan a caer no significa que la caída de la hoja provoque el vuelo del ave). Por último, ¿se van a diseñar nuevos 'experimentos' para contrastar las hipótesis formuladas en el artículo?

No me extiendo más. Ignoro si este estudio puede considerarse como buena o mala ciencia, pero tengo la impresión de que sus conclusiones resultan desproporcionadas en relación con la solidez de sus presupuestos metodológicos y de sus útiles empíricos. Al mismo tiempo, las supuestas hipótesis explicativas no parecen tener un enganche convincente en las correlaciones estadísticas presentadas. Son más bien deudoras de las propias premisas heurísticas del estudio (la relación -que se supone a priori- entre el nivel cuantificable de sonrisa y el futuro sentimental de la persona, confirmable estadísticamente, requiere una explicación a posteriori). Además, introduce un factor de cuantificación cuanto menos discutible (¿de verdad puede asignarse un número a la intensidad gestual de una sonrisa?) que pretende avalar -vía matemática- la cientificidad de la investigación.

En todo caso, puede que no suponga más que una entronización algo pomposa de un pedestre sentido común que permite vincular la alegría o seriedad de un rostro con sus perspectivas emocionales de futuro. Pero esto es algo que hacen de continuo los videntes, tarotistas y echadores de carta de toda laya y condición.

Una cita de José Ortega y Gasset

La ciencia consiste en sustituir el saber que parecía seguro por una teoría, o sea, por algo problemático.

José Ortega y Gasset, filósofo español.

sábado, 17 de octubre de 2009

Sobre el aborto, de nuevo: muñequitos de plástico, falsos gritos silenciosos y un artículo de Carl Sagan


Una entrada rápida. Quiero presentar aquí mi modesta contribución a la manifestación convocada para hoy, 17 de octubre, en Madrid, en contra de la reforma de la actual ley de interrupción voluntaria del embarazo. Por cierto, creo que van a repartir muñequitos de plástico que simulan fetos de catorce semanas. ¿Por qué no repartir también, ya puestos, mórulas desmontables, como el cubo de Rubik?

No me extiendo en consideraciones teóricas (remito, a quien le interese, a esta entrada del blog, en la que ya traté cuestiones relacionadas con la presunta naturaleza humana del cigoto). Sólo propongo la visita a dos enlaces que guardan relación con este tema.

Uno, un artículo aparecido en el New York Times en abril de 1985 -¡y que sigamos igual a estas alturas!- sobre las manipulaciones y falsedades vertidas en una película de mediados de los ochenta, 'El grito silencioso', en pleno floruit del conservadurismo reaganiano. El artículo lo he encontrado en la página web argentina 'Derecho al Aborto'.

Otro, uno de los últimos escritos del científico y divulgador Carl Sagan, 'Entre la vida y la elección', una muy interesante reflexión en torno al aborto y a los problemas que esta cuestión suscita en términos científicos, morales y pragmáticos. Recomendable en grado sumo.

viernes, 16 de octubre de 2009

'Los peces de la amargura': deslumbrantes fogonazos de brutalidad




"En silencio se agachó junto a la cuneta, buscó un poco entre los hierbajos y los desperdicios y encontró por fin algo que le sirviera de reliquia de aquella tierra donde dejaba enterrado a su marido. Desde entonces ha llevado siempre consigo esta pequeña piedra blanca que ven ustedes ahora en mi mano".

(Fernando Aramburu, 'Los peces de la amargura')

Un disparo no tiene estructura narrativa, no se desenvuelve según la secuencia tradicional de exposición, nudo y desenlace. Un disparo es un argumento instantáneo, un fogonazo que transita de la existencia a la inexistencia. Un disparo, en realidad, es una brutalidad fugaz, adimensional e indivisible.

En 'Los peces de la amargura', el escritor donostiarra Fernando Aramburu nos ofrece diez de estos disparos en forma de cuentos sobre la violencia de ETA desde un doble punto de vista: el de las víctimas y el de un sentido sórdido de lo cotidiano. Son diez estampas adimensionales en las que el tiempo narrativo se congela en un fogonazo eterno. Se trata de historias que no empiezan ni acaban, que se anegan en un presente lento e inexorable, en el lento chapoteo de la experiencia de un horror espeso, andrajoso, chusco y cutre.

Aunque el libro fue editado en 2006, he tenido ocasión de leerlo en estos dos últimos días. Como lector, he sentido un enorme placer (son cuentos magníficos escritos en una meritoria prosa a veces intencionadamente tosca) y un enorme estremecimiento (por los contenidos de las narraciones). Sin ningún efectismo estilístico -más allá de la imitación del habla cotidiana de la gente de cultura media y baja que puebla las páginas del libro- cada uno de los cuentos -de los disparos, por mejor decir- es un retrato al natural, como una estampa fotográfica de la cotidianidad aberrante en muchos lugares del País Vasco y Navarra.

Pero es algo más, mucho más que eso. 'Los peces de la amargura' es un desfile de soledades, humillaciones, miedos, egoísmos y cobardías encarnados en muchos de los personajes hasta una métrica esperpéntica. Me han impresionado en este sentido cuentos como 'Madres', 'La colcha quemada' o la terrible narración 'Enemigo del pueblo'. No obstante lo cual, Aramburu ha sabido reservar un lugar para cierta doliente ternura -es el caso del cuento 'El hijo de todos los muertos'- e incluso para un humor rayano en lo cínico -como en 'Después de las llamas', en el que se atisba también una mínima posibilidad de arrepentimiento y perdón.

Y, pese a todo, el autor no regatea una proporcionada compasión por los otros, los victimarios, convertidos sin duda en verdugos de sí mismos y en figuras repletas de un pathos muchas veces grotesco, como se pone de manifiesto en 'Golpes en la puerta'. Aunque queda claro que ellos, los asesinos, no son el centro de interés de estos cuentos deslumbrantes: el punto de gravitación narrativo corresponde, más bien, a la masa indolente de una sociedad enferma y con notables rasgos de esquizofrenia. En esto, Aramburu nos regala un fresco magistral de estampas espléndidas.

Un libro de relatos que ofrece, en definitiva, una lectura placentera y una reflexión atribulada.

lunes, 12 de octubre de 2009

Una sonata para piano de Henning Mankell

En Radio Clásica, de Radio Nacional de España, hay un programa que se titula 'Los Raros', dirigido por Juan Manuel Viana. Está dedicado a todos aquellos compositores de los que casi nadie, fuera del mundillo especializado, ha oído hablar. Uno de esos programas, emitido el 10 de noviembre de 2008, está dedicado a la figura de Henning Mankell.

No, no se trata del archiconocido Henning Mankell escritos de novelas policíacas -me confieso un rendido admirador de la serie Wallander- sino de su abuelo paterno. Henning Mankell abuelo vivió entre 1868 y 1930 y entre sus obras figura esta 'Sonata para piano opus 12', compuesta en 1912, con influencias de Beethoven y Listz y que presento aquí por cortesía de Radio Clásica. Consta de cinco movimientos: Preludio, Aria, Minueto, Zarabanda y Bourré. Disfrutádla.



viernes, 9 de octubre de 2009

'Bad Night': una mala noche la tiene cualquiera

No me puedo resistir a parasitar una entrada del blog 'Trazos de aprendizaje y experiencia' de mi amigo José Manuel Paredes (por cierto, un blog muy recomendable para los aficionados al cine, al activismo social y al derecho penal, así, todo en uno). En realidad, su entrada remite a un artículo titulado 'Drogas y cine gore', de la edición on line del periódico Diagonal.

He leído el artículo, firmado por el médico Fernando Caudevilla, y comparto sus apreciaciones en buena medida. Se trata de una crítica de la última campaña de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que simula el tráiler de una película de terror adolescente llamada 'Bad Night'.

No quiero repetir los argumentos del artículo (leédlo, es una recomendación), ni pretendo tomar postura sobre las ventajas o desventajas de la legalización de las drogas actualmente ilegales, pero creo que campañas de este tipo -destinadas más a los padres de los potenciales consumidores de drogas que a estos últimos, como bien apunta Caudevila- además de simplificar demasiado el poliédrico mundo de las drogas, son demasiado moralistas en su enfoque del problema.

En mi opinión, la FAD y sus campañas periódicas contra las drogas se han convertido en un referente de las posturas políticamente correctas sobre esta cuestión. No tengo nada -en principio- contra la corrección política en general (no me considero un 'perezrevertiano' en este sentido) pero este cerrar filas en torno a un único postulado sobre el consumo de drogas -de drogas ilegales, se entiende- está hurtando a la sociedad la posibilidad de un debate franco sobre aspectos tan importantes como la legalización o la regulación pública de la distribución, venta, control sanitario y consumo de estos productos.

Campañas como ésta, más mediáticas que eficaces -el consumo de drogas entre los jóvenes, destinatario principal de los denodados esfuerzos de la FAD, no ha hecho sino incrementarse- llevan camino de convertirse en la máscara-fetiche de un tomemismo ideacional (que diría Marvin Harris) que únicamente parece servir para que cada personaje o institución pública se retrate en el teatrillo político y social de cada día. Campañas de apoyo, partidos de fútbol -con el inevitable Baltasar Garzón y otras figuras mediáticas luciendo estilismo futbolístico- o mercadillos varios no son, según parece, medidas suficientes para abordar con garantías de éxito los problemas derivados de la drogadicción (ilegal, se entiende). Sin embargo, cumplen un fin social: ocupar espacios en la prensa y en los informativos televisivos, preferentemente en las secciones de 'sociedad', allá por la página cincuenta o por el minuto treinta, respectivamente. Tampoco es baladí el espacio que ocupan en las vallas informativas o en las marquesinas de los autobuses urbanos.

Y todo eso desde una premisa inicial -la de que tomar drogas es siempre perjudicial y no trae más que problemas que inevitablemente se manifestarán a lo largo de la vida del consumidor- que no casa con la experiencia vital de muchos consumidores reales de estos productos, incluidos muchos jóvenes.

En definitiva, y desde un escepticismo casi sistemático, cabría titular la campaña de la FAD algo así como: 'Bad Night: una mala noche la tiene cualquiera'.

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jueves, 8 de octubre de 2009

Un apunte sobre la importancia de chamanes y cazadores: el deporte y la ciencia en España

Planteo una hipótesis antropológica harto discutible -seguramente falsa- pero de gran utilidad metafórica: si consideramos que los chamanes son los predecesores de los actuales científicos (y cuántas veces no habremos comparado a los médicos con los brujos de la tribu) y que nuestros deportistas profesionales son los descendientes de los antiguos cazadores, entonces los españoles nos estamos convirtiendo en una tribu que otorga más importancia a sus cazadores -a tenor de este artículo del diario El País- que a sus chamanes -si hemos de creer esta noticia, extraída del mismo periódico.

Para una sociedad de cazadores-recolectores, esta sería una magnífica transformación social. El problema -me temo- es que España no es una sociedad de cazadores-recolectores. ¿O sí?

Tal vez ha llegado el momento de que nuestro país inicie de una vez su propia revolución neolítica.



miércoles, 7 de octubre de 2009

¿Paleoantropología o paletoantropología?

Que no, que va a resultar que 'Ardi' no es el ancestro más viejo conocido de Homo sapiens y que el periodismo de divulgación científica vuelve a desenfocar la auténtica importancia en la presentación de una noticia científica. Y si no, leed esta entrada del blog Magonia, de Luis Alfonso Gámez, y este artículo de José María Bermúdez de Castro (uno de los codirectores del 'Proyecto Atapuerca').



La ciencia española no necesita tijeras...


... porque bastante recortados están ya los derechos laborales de los becarios pre y postdoctorales.

viernes, 2 de octubre de 2009

Las tribulaciones del cigoto Ferminico (una reflexión sobre el aborto)


Nadie, creo, puede encaramarse a la cuestión del aborto desde una única línea de confrontación argumental, y menos cuando en tal confrontación se mezclan afirmaciones que pertenecen a argumentarios distintos.

Me explico: cuando las organizaciones autodenominadas pro-vida o antiabortistas hablan del cigoto como del momento fundacional de una vida humana personal (retengamos ambos adjetivos, 'humana' y 'personal'), las organizaciones defensoras de las prácticas de interrupción voluntaria del embarazo replican con el derecho de la mujer a la libre elección y disposición de su propio cuerpo. Está claro que ambos 'interlocutores'-perdón si parezco algo habermasiano-utilizan discursos inmiscibles, como el agua y el aceite. Como diría un filósofo del lenguaje, las afirmaciones enfrentadas pertenecen a universos pragmáticos independientes.

Incluso en la denominación del problema se pone de manifiesto lo inconmensurable de ambos argumentarios: la cuestión del aborto para unos (acentuando el resultado final) o de la libre elección y de la interrupción voluntaria del embarazo para otros (incidiendo más bien en la práctica, en el proceso)

Con motivo de la presentación por el Gobierno del proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo y de su previsible aprobación por las Cortes Generales vuelve a agitarse el gallinero de las organizaciones pro-vida, tan silentes ellas durante los ocho años del gobierno de Aznar. Estas organizaciones han convocado una manifestación para el próximo 17 de octubre. Quizás por eso sea un buen momento para lanzar al aire un par de reflexiones sobre este asunto, sin pretender abarcar en profundidad (¡líbreme Dios!) todos los aspectos que cabrían bajo el rótulo 'problema del aborto'.

Primera reflexión: yo distingo al menos cuatro ejes de argumentación en el tema que nos ocupa. Estos ejes serían los que siguen: el aborto como problema social, el aborto como problema jurídico, el aborto como problema moral y el aborto como problema científico. Creo que una discusión a tumba abierta (no se si es una expresión muy adecuada) sobre el aborto debería abarcar, en distintos ámbitos y con interlocutores también distintos, estas cuatro perspectivas. No voy a detenerme en analizarlas -entre otras cosas, no me siento capacitado para hacerlo y no podría aportar nada nuevo a lo que ya se ha dicho otras veces-, sino que pretendo centrarme sólo en una de ellas.

Y de aquí arranca mi segunda reflexión: el aborto como problema científico, un asunto que me interesa particularmente, tal vez por mi formación de biólogo. Tengo la impresión de que esta es una dimensión que no suele figurar en la agenda argumental de quienes defienden -entre los que me cuento- una regulación más amplia que la actual de la interrupción voluntaria del embarazo. Es sin duda fundamental contemplar el aborto como un problema social de envergadura -sin hacer caso de afirmaciones tan memas como la de que 'las mujeres no ven la necesidad de una nueva regulación' (Soraya Sáenz de Santamaría dixit)- y no menos importante es abordar su regulación jurídica (¿debe ser un derecho, o simplemente una práctica no penalizada?) o su contorno moral (¿se trata de un mal moral, como he oído decir en alguna ocasión, o tan sólo de una práctica tan éticamente incolora como la de una intervención quirúrgica rutinaria?).

Dicho lo cual, creo que el movimiento en favor de una regulación del aborto como derecho dentro de una ley de plazos tiene que pertrecharse argumentalmente también en el plano científico. ¿Estoy muy equivocado, o este es un tema sobre el que suele pasarse de puntillas? ¿De verdad quienes aspiramos a una ley de plazos razonable no debemos 'meternos en jardines científicos', como no hace mucho aconsejaba un histórico prócer del partido socialista a la ministra de igualdad, Bibiana Aído?

Asomémonos, siquiera un poco, a ese jardín. El movimiento antiabortista enarbola como un mantra la afirmación de que desde el momento de la fecundación del óvulo surge la vida humana plena, vale decir, el cigoto es una persona. A modo de anécdota, en Pamplona, a principios de los años noventa, las organizaciones pro-vida solían pintar en las paredes de los edificios la carita de un niño, supuestamente uno de esos niñitos triturados en las máquinas del horror de las clínicas abortistas; el movimiento feminista, de forma muy ocurrente, bautizó a esa carita como 'Ferminico', en honor del ilustre copatrono de Navarra.

Pero, ¿es el cigoto, de verdad, una persona? ¿Se trata de una vida 'humana' y 'personal'? No parece que nuestros conocimientos científicos puedan avalar tales afirmaciones. El cigoto es, sí, la fase inicial de un proceso de desarrollo que puede culminar -o no- en la formación de un individuo adulto. Sin embargo, el cigoto no es ni siquiera un individuo: antes de la anidación, el incipiente embrión puede dar lugar a la formación de gemelos monocigóticos . Ítem más: algunas células de este prontoembrión formarán parte de la placenta, sin que pueda a priori determinarse cuáles van a ser, mientras que las restantes permanecerán como base constitutiva del futuro -o no- individuo. Es decir, el cigoto y el embrión temprano ni es un individuo de su especie biológica, ni tampoco es, sensu stricto, algo que podamos llamar individuo. Una reflexión más amplia sobre esta cuestión, en el encuadre general de la ética de la manipulación de embriones humanos, en este interesante artículo de Enrique Iáñez, de la Universidad de Granada.

En lo que respecta a la presunta naturaleza personal del cigoto-embrión. lo dicho más arriba parece arruinar esta pretensión (si algo no es un individuo, con mucha menos razón será una persona). El concepto 'persona' resulta indefinible desde el punto de vista de la biología; se trata de una noción cuya genealogía tiene poco que ver con las ciencias naturales y más con la reflexión filosófica y las creencias religiosas. Las ciencias naturales pueden definir a un organismo como un individuo perteneciente al taxón especie (los taxones superiores son más arbitrarios), pero, en el caso particular de Homo sapiens, la categorización de un especimen como persona escapa a las pretensiones y posibilidades de la biología. A propósito, Rafael Reig lo explica de forma mucho más amena que yo en esta carta con respuesta del diario 'Público'.

Y, por último, la inviabilidad natural de los óvulos fecundados durante los primeros días es de casi el cincuenta por ciento, que luego disminuye hasta un quince o veinte por ciento, también en los estadios iniciales del desarrollo embrionario. Este hecho parece casar mal con las creencias religiosas de la gran mayoría de los antiabortistas en España; si el cigoto es una persona ontológicamente completa, el comportamiento de la naturaleza -cabe, de Dios- es inusualmente cruel. Tal y como afirma el ilustre genetista Francisco Ayala, hablando sobre el 'diseño inteligente',

El veinte por ciento de todos los embarazos abortan espontáneamente durante los dos primeros meses de la preñez. El número sube a veinte millones de abortos en el mundo cada año. Me aterra pensar que hay creyentes que implícitamente atribuyen este desastre al diseño (incompetente) del Creador, con lo cual le convierten en un abortista de magnitud gigantesca.

En definitiva, las organizaciones en favor de una mejor regulación de la práctica del aborto no deberían centrar sus argumentos tan sólo en la dimensión social de este problema (con ser ésta importantísima) ni en cuestiones jurídicas de legislación comparada con otros países europeos (con ser, también, un referente necesario). El argumentario científico, al menos hasta donde las ciencias naturales pueden hablar, es fundamental para evitar que ciertas afirmaciones pretendidamente científicas adquieran la solidez de verdades incontestables. De lo contrario, estaremos asistiendo -y tal vez contribuyendo- a la implantación de nuevos mitos con pátina de racionalidad.

Pero tal vez todo esto sea demasiado enrevesado para explicárselo al cigoto Ferminico.