"Del mito al logos" (Vom Mythos zum Logos) es el título de una obra del filólogo alemán Wilhelm Nestle, escrita en el año 1940. Con esta expresión el autor quería significar la transición entre el pensamiento mágico y el racional. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los terrenos del mito siguen siendo demasiado amplios, a costa del logos. Aun entendiendo que la frontera que las delimita no es una gruesa línea recta, sino un trazado sinuoso y sorprendente, conviene no confundir estas dos naciones. Es lo que trataremos de hacer aquí. Bienvenidos.
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domingo, 3 de octubre de 2010

Ciencia versus religión (I): la propuesta MANS o el buen aliño de una ensalada

 La relación entre ciencia y religión ha sido siempre una cuestión polémica, y el escenario de posturas muy diversas, a veces incompatibles e incluso enfrentadas. Científicos, teólogos y filósofos, entre otros, han protagonizado una buena parte de estos debates. La proyección mediática de estas discusiones ha girado en los últimos años, simplificando mucho, en torno a dos reconocidas e insignes figuras que han sabido combinar la investigación con la divulgación científica. Estoy hablando de Richard Dawkins y del malogrado Stephen Jay Gould.

Dawkins, ateo declarado y activista incansable en contra de las religiones, mantiene una postura que podríamos llamar de enfrentamiento total, desde un punto de vista académico e intelectual, entre ciencia y religión. Sostiene, grosso modo, que ciencia y religión compiten por el mismo espacio explicativo en lo que tiene que ver con el origen y la esencia del universo, la realidad biológica de la evolución y la naturaleza del ser humano. Dawkins, además, considera que la educación religiosa, incluso en sus formas más liberales, supone un importante lastre para el desarrollo del pensamiento crítico y un elemento nocivo en la formación integral -intelectual y moral- de las personas.

Gould, por el contrario, desde un agnosticismo confeso como única postura epistemológicamente coherente, sostiene que ciencia y religión forman lo que él mismo denomina "magisterios no superponibles", expresión que resume en el acrónimo MANS. En esencia, se trata de definir una relación caracterizada por la existencia de dominios disjuntos: ciencia y religión no pueden chocar porque trabajan en ámbitos completamente distintos. No hablan de lo mismo: la religión trata del sentido de la vida y del significado último de la existencia, mientras que la ciencia se ocupa del estudio metódico de la realidad objetivable. Siendo esto así, ambas disciplinas, afirma Gould, son complementarias para el desarrollo integral del ser humano En la actualidad, el prestigioso biólogo evolucionista Francisco Ayala es una de las figuras más sobresalientes de las adscritas a la propuesta MANS.

Estos dos autores no representan, sin embargo, las posturas extremas en el espacio lógico de las posibles relaciones entre ciencia y religión. A riesgo, de nuevo, de simplificar en exceso, los modelos de relación epistemológica y ética entre ambas disciplinas pueden resumirse en el siguiente catálogo de tipos.

Contradictoriedad entre ciencia y  religión y preeminencia epistemológica y ética de la ciencia sobre la religión, que sería la postura ejemplificada por Dawkins. Se asume que ciencia y religión comparten el mismo dominio explicativo utilizando herramientas intelectuales contrapuestas y con implicaciones éticas también contradictorias. La ciencia promulga verdades frente a las falsedades de las religiones y además sugiere compromisos éticos orientados a combatir el discurso moral emanado de las creencias religiosas. Esta postura ocuparía uno de los extremos del espacio lógico de relaciones entre ciencia y religión.

 Separabilidad y no complementariedad epistemológica y ética entre ciencia y religión, una propuesta según la cual ciencia y religión no comparten objetivos epistémicos -la religión se expresa metafóricamente y la ciencia ofrece explicaciones objetivas que pretenden ser literales- ni colisionan en el campo de las proposiciones morales -que sería monopolio del discurso religioso. Además, las afirmaciones de ambas disciplinas son mutuamente indiferentes. Utilizando una imagen gráfica: sería como si una capa de agua y otra de aceite, de por sí inmiscibles, estiuviesen además físicamente separadas por una capa intermedia de vacío. Esta podría ser la apuesta, tácita o explícita, de muchos científicos creyentes, agnósticos o ateos que no problematizan sus actividades profesionales con sus creencias (o con su falta de ellas) y que no demuestran apenas interés en reflexionar sobre este particular.

Separabilidad y complementariedad epistemológica y ética entre ciencia y religión, que sería la postura mantenida por Gould y su apuesta por MANS. También es la postura representada hoy en día por Ayala. La separabilidad alude a la falta de un espacio compartido como objeto de estudio entre ciencia y religión y a la no interferencia mutua; la complementariedad significa la afirmación de la importancia de ambas disciplinas en la conformación intelectual, emocional y moral del ser humano. La imagen sería la de dos capas inmiscibles -agua y aceite- pero superpuestas a través de su superficie de contacto. Es como el buen aliño de una ensalada: ésta resulta más apetitosa con las cantidades adecuadas de dos sustancias inmiscibles (aceite y vinagre) pero que deben estar en íntimo contacto.

Contradictoriedad entre ciencia y  religión y preeminencia epistemológica y ética de la religión sobre la ciencia. En cierto modo es la imagen especular de la postura de Dawkins -lo que no quiere decir en absoluto que merezca la misma consideración epistémica y moral- y propugna una total sumisión de los contenidos científicos a los dogmas establecidos del discurso religioso. Los descubrimientos científicos deben interpretarse de manera que avalen y confirmen los postulados religiosos. Aunque esta postura cuenta con pocos adeptos entre los científicos españoles, está relativamente extendida en Estados Unidos. El ejemplo más conspicuo es el del creacionismo, ahora rebautizado como 'diseño inteligente'.

Esta tipología es sin duda incompleta, y todos podemos imaginar modelos intermedios. Creo, pese a todo, que sirve para situar los términos más generales de la discusión sobre las relaciones entre ciencia y religión. De acuerdo con esto, las posturas mantenidas por Dawkins y Gould no ocuparían los extremos en los términos del debate. Contrariamente a las enseñanzas aristotélicas sobre la virtud del punto medio, no resulta forzoso buscar la excelencia, en este caso, en las posturas intermedias. A día de hoy no es lo mismo propugnar la superioridad epistémica -e incluso ética- de la ciencia sobre la religión que apostar por la preeminencia de la religión sobre la ciencia. La primera es una propuesta mucho más razonable que la segunda, aunque sus términos puedan resultar discutibles.

Mi objetivo, en una serie de entradas que espero ir completando poco a poco, no es pese a todo discutir la postura de Dawkins, sino la propuesta MANS de Gould, y siempre en relación con las afirmaciones que este autor vierte en su libro 'Ciencia versus religión' (Rocks of Ages en el original). Creo que el texto muestra las dotes prodigiosas de Gould como divulgador científico, pensador y escritor; creo también que contiene elementos francamente criticables y sugiere preguntas cuyas respuestas correctas pondrían en solfa la tesis principal de este autor, la tesis MANS. Adelanto algunas de estas cuestiones, que espero desarrollar más adelante.

¿De qué habla Stephen Jay Gould cuado habla de 'religión'? ¿Está hablando de religiones concretas, o de la religión como fenómeno humano general? ¿Hasta qué punto es correcto, como hace Gould, evitar las afirmaciones fácticas contenidas en las principales religiones monoteístas -sobre todo cristianismo e islam- y derivarlas al cajón de sastre de las metáforas? ¿Es la religión un magisterio (en términos de Gould) realmente necesario para el ser humano? ¿Resulta convincente la argumentación de Gould, que se sostiene sobre todo a través de ejemplos históricos concretos, a modo de las célebres 'historias piadosas' con las que las propias religiones trataban de educar a sus fieles? ¿Es realmente la guerra entre ciencia y religión un 'mito' construido por ciertos intelectuales en el siglo XIX, como afirma el autor? ¿Es en verdad imposible derivar proposiciones morales desde los hechos establecidos por la ciencia, tal y como se dice en el texto? ¿Qué quedaría realmente de la religión, una vez desposeída de los atributos que la hacen compatible con el modelo MANS? O, en otras palabras, ¿se basa el modelo MANS en una visión idealizada y artificial del fenómeno religioso?  Y, por último, ¿qué postura adoptar ante la dicotomía, real o presunta, establecida entre ciencia y religión?¿existe una y sólo una postura correcta?


Intentaremos reflexionar en próximas entradas sobre algunas de estas preguntas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Por qué hablamos de 'Dios' cuando queremos decir 'técnico en gestión de fincas'?

La presentación en sociedad del nuevo libro de Stephen Hawking -en colaboración con Leonard Mlodinow- "El gran designio", ha desatado (o vuelto a desatar, mejor dicho) la caja de los truenos teístas y ateístas. Se agradece que, en esta ocasión, el ámbito de la discusión se sitúe en la cosmología y en los orígenes del universo. Uno ya empieza a cansarse de este pugilato entre fervientes creyentes y fervientes increyentes en canchas emocionalmente inestables, como cuando se polemiza sobre el "sentido" del mal en el mundo o sobre el sufrimiento humano. En fin, ese tipo de cosas. Una discusión sobre la pertinencia del concepto 'Dios' como factor explicativo en las condiciones límite del Big Bang nos traslada, sin embargo, a terrenos intelectualmente más placenteros y menos pasionales. O al menos, así debería ser. El tono de algunas de las críticas a la afirmación del profesor Hawking sobre la no pertinencia de Dios en las ecuaciones cosmológicas parece indicar, por el contrario, que razón y pasión están más imbricadas de lo que deberían.

Hawking no dice, en realidad, nada que no haya apuntado en otros libros suyos, en especial en el celebérrimo y tal vez sobrevalorado "Historia del tiempo"; sobrevalorado en lo que hace a su claridad expositiva, que no en cuanto a su contenido, claro está. Cuando al final de esa obra menciona 'la mente de Dios', se está haciendo un uso claramente metafórico de esa figura. Se trata de un recurso que muchos científicos, en especial físicos 'de las profundidades' (cosmología y mecánica cuántica) y matemáticos, utilizan con profusión. También existe un entrañable grafiti conceptual, el del 'ojo de Dios', que suelen utilizar algunos filósofos para situar ciertos problemas epistemológicos o morales desde una perspectiva totalmente exterior, desde la ubicación de un observador plenipotenciario. Y nadie discute sobre si el divino hacedor usa o no gafas. No merece la pena detenerse más en estos particulares.

Lo que me llama la atención es, precisamente, el uso y mención del concepto 'Dios' cuando se tratan estas cuestiones teóricas de la física profunda. Entiendo que muchos científicos se vean afectados por el estro poético ('estro' en su sentido inspirativo, no sexual, ¿o también?) a la hora de mentar a Dios; al fin y al cabo, son muchos años de judeocristianismo a cuestas, y hay vicios -perdón por el término- que no desaparecen de la noche a la mañana.  Pero, ¿tiene sentido polemizar sobre estos asuntos, más allá de las estrategias comerciales que mueven los hilos de estas contiendas? A veces 'Dios' -la noción- tiene la utilidad heurística de un punching ball contra el que ejercitar la musculatura argumental de unos y otros. Como ejercicio filosófico, lo encuentro interesante: soy un ferviente admirador de la profundidad y espesura intelectual y emocional de la idea de Dios. Sin embargo, me parece que el uso reiterado que suele hacerse de este concepto en obras serias de divulgación científica tiende a distraer la atención de las cuestiones reamente importantes. Si lo que queremos es descubrir las causas últimas del surgimiento del universo, o al menos ofrecer explicaciones completas y coherentes de este hecho, tratemos de echar mano de los conocimientos ciertos disponibles y de las hipótesis más prometedoras -la teoría M de las supercuerdas, por ejemplo- e intentemos definir las características generales que debería tener una explicación completa de este tipo. Que no es poco. Yendo hacia atrás en el espaciotiempo, más allá de esos famosos tres primeros minutos del universo de Steven Weinberg, ¿deben incluir las características generales de esa explicación total aspectos relacionados con la existencia de un ente divino intencional, volitivo y personal, por ejemplo (por citar tres características relevantes que los actuales monoteísmos no se cansan de destacar)?  A juzgar por lo que sabemos hasta la fecha -y sabemos mucho-, no lo parece.

Todas las religiones proclaman la necesidad de Dios -en ello les va el negocio, claro- como factótum explicativo. Esto incluye, supongo, tanto el ámbito de lo humano como el de la realidad física. Dios es necesario para entender por qué sufren los inocentes, pero también lo es para explicar por qué existen los gorrioncillos del campo o por qué los icneumónidos son tan mala gente y traen de cabeza a los estudiosos de la teología natural. Es decir, las religiones no pueden abdicar de sus pretensiones explicativas sobre la realidad física última del universo. Pero esto también lo hace la ciencia ¿o no? Ya la tenemos montada, me temo. Y sin embargo, pese a sus querencias totalizadoras, la religión (utilizo el singular para referirme al fenómeno en su generalidad histórica y conceptual, más allá de tipologías) no ha hecho sino retroceder hasta los márgenes de la explicación física. ¡Qué buenos tiempos aquellos en los que la lluvia eran los orines de Zeus y las tormentas eléctricas eran fruto de la dispepsia divina! ¿Y qué pensar del espacio como el 'sensorio de Dios', tal y como afirmaba el supersticioso Isaac Newton? Ahora, por desgracia, 'Dios' ha sido apartado a empellones de los meollos explicativos por el método científico y ha quedado relegado al papel de simple portero del inmueble cósmico; es el que nos abre -y quizás nos cierra- la puerta de acceso al cosmos. De dueño del inmueble a simple técnico en gestión de fincas. ¡Eso sí que es una carrera!

Se nos dice que 'de la nada nada puede surgir' y que antes (sic) del Big Bang debía haber algo que explicara esa gran explosión primigenia. Dejando aparte lo aburdo que es hablar de 'antes' del comienzo del tiempo, estos prejuicios, montados sobre el terror epistémico a 'la nada' (sea eso lo que sea), no tienen fuerza lógica suficiente como para constituirse en el antecedente de una relación de consecuencia de la que se derive la conclusión que los teístas desean: 'debe haber algo en lugar de nada' (sea eso lo que sea que signifique). El lenguaje es un trabajador muy eficiente en la formulación de nuestros pensamientos, pero no se le puede pedir que estire sus prestaciones hasta el infinito. La 'nada' no existe, luego no puede haber 'algo' en lugar de la nada. Empezó a haber 'algo', probablemente, hace unos catorce mil millones de años. Y nuestro portero cósmico forma ya parte de ese 'algo', siquiera como exhalación del pensamiento o suspiro del corazón. Perdóname, Dios mío, por este lenguaje que acabo de emplear: me declaro reo de lesa claridad.

Dios habita en los márgenes de la explicación, en los callejones oscuros de la racionalidad y el conocimiento. Uno puede pensar que no es poca cosa, ser portero del universo, el portador de las llaves de la cerradura del Big Bang. Vale, pero ¿es necesario el portero para explicar por qué existe la casa y por qué es como es? ¿Es el portero el constructor del edificio? ¿Le pediríamos a él los planos de la construcción para hacer reformas? Involuntariamente, los propios monoteísmos han ido aceptando este papel para su más lograda criatura -entiéndase, la idea de 'Dios'- tras ir perdiendo cada vez más puntos en los sucesivos touché que la ciencia les ha ido propinando en este singular combate de esgrima.  Parece que, visto lo visto, las religiones van a tener que conformarse con este nuevo perfil laboral para su protegido. A la vista de todo esto, ¿merece la pena levantar polémicas como la protagonizada por el profesor Hawking y sus detractores, si queremos ir más allá de lo que no es sino una sabia táctica de mercadotecnia?

Aún puede ser peor para el teísmo más recalcitrante. En la permanente negociación del convenio colectivo sobre la ontología del cosmos pueden perder su utilidad algunos entrañables y viejos amueblamientos y algunos oficios casi gremiales a los que los habitantes de la casa -nosotros- terminan por no encontrar ninguna utilidad. Por ejemplo: ¿es necesario un portero para la finca, cuando podemos sustituirlo por un telefonillo de última generación?

En ello estamos, diría yo.

domingo, 14 de febrero de 2010

El poder de la oración en los tiempos del TAC cerebral

De nuevo, una noticia sobre un experimento 'científico' en el blog Tendencias21, dependiente de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia de Comillas. En esta ocasión, el estudio titulado Motivating Change in Relationships: Can Prayer Increase Forgiveness? pretende demostrar, tal y como puede leerse en el resumen en castellano que las actitudes de oración tienen un efecto más beneficioso sobre las relaciones sentimentales y de amistad que las simples actitudes positivas -'buen rollo' y demás- llamémoslas laicas.

El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Florida State University y publicada en la revista Psychological Science, consta de dos partes. En la primera se pide a un grupo de personas que recen durante un rato por sus parejas sentimentales, y a otro grupo que se limiten a hablar de su relación. A continuación, ambos grupos rellenan un formulario cuyas preguntas están diseñadas para 'cuantificar' el grado de actitud de perdón hacia su pareja. En la segunda parte, se forman tres grupos, que durante cuatro semanas han de realizar cada uno una de estas tres actividades: los integrantes del primer grupo ha de rezar por un amigo concreto, los del segundo grupo tiene que rezar sin un objetivo concreto, en tanto que los miembros del tercer grupo sólo han de tener pensamientos positivos hacia un amigo determinado. ¿Resultado? Previsible, en efecto: los que han rezado por el amigo abrigan sentimientos más intensos de perdón que los individuos adscritos a los otros dos grupos.

Los investigadores explican estos resultados diciendo que la actitud de rezo es capaz de liberar a quien la practica de su egocentrismo, centrándose menos en su 'yo' y más en las experiencias y objetivos compartidos con la persona por la que reza. El estudio está apoyado en el aparato estadístico habitual: medias, desviaciones típicas, análisis de la varianza y de la covarianza.


En este blog hemos comentado experimentos similares, extraídos también de la web 'Tendencias21'. En realidad, bajo los ropajes estadísticos y metodológicos de estas investigaciones uno no encuentra nada relevante. Más bien, trivialidades. En concreto, el diseño de este estudio introduce varias 'cajas negras' que escapan al escrutinio del investigador. Por ejemplo: ¿qué fiabilidad poseen los sistemas de cuantificación de sentimientos como el perdón? ¿un cuestionario-modelo es un dispositivo fiable, en este sentido, es un instrumento de medida adecuado? O bien, ¿cómo sabemos si los sujetos del experimento realmente han rezado -durante un rato o durante cuatro semanas, o con las pautas preestablecidas por el diseño experimental- o lo han hecho centrándose justamente en la pareja o el amigo? ¿se han efectuado mediciones de TAC cerebral, por ejemplo? ¿se han establecido previamente parámeros medibles (perfiles concretos de actividad cerebral, electrocardiogramas, medidas de la tensión arterial o de respuestas ruborizantes, pongo por caso) que permitan diferenciar una actitud de rezo de otra que no lo sea? Más aún, ¿cómo se define la actitud de oración? ¿supone la invocación de o la comunicación con algún tipo de ser supremo? ¿y qué tipo de deidad, en tal caso? ¿o se trata sólo de una meditación profunda y sosegada?

Que la actitud de oración puede tener un importante efecto placebo sobre la disposición anímica de quien la practica es algo evidente, una experiencia que seguramente muchos de nosotros hemos tenido en algún momento de nuestras vidas. El estudio que aquí se presenta afirma que la oración favorece una actitud de conciencia desinteresada hacia los otros y evita comportamientos egoístas que pueden ocasionar rupturas sentimentales. Pero el estudio parte de premisas que, como se ha indicado más arriba, no son autoevidentes. ¿Se pretende fomentar el rezo como parte de la vida cotidiana o como integrante de algún tipo de terapia emocional? ¿Se apunta más bien por elevación y se sugieren las bondades de una deidad que escucha nuestras plegarias o que, al menos, nos infunde buenos sentimientos? ¿estamos en puertas de una nueva ofensiva teísta bajo los ropajes de la ciencia? ¿lograríamos resultados similares si en vez de actitudes de oración estudiásemos, por ejemplo, ejercicios de meditación o de participación en actividades cooperativas (un partido de fútbol, la elaboración de un collage, el ensayo de una obra de teatro)?

La publicación de trabajos como este contribuye, creo, a una cierta trivialización del método científico y a una vulgarización mediática de la praxis propia de la ciencia. La definición previa de lo que se entiende por 'religiosidad' -y aquí el artículo que comentamos se mueve en círculo, pues en él se establece la religiosidad de los sujetos participantes sólo como respuesta a la pregunta '¿es usted una persona religiosa?'- debe constituir un requisito previo y una condición de posibilidad para estudios posteriores. Investigemos primero si la religiosidad puede caracterizarse como un estado concreto neurofisiológico -al menos en sus síntomas- y después podremos utilizar esta noción como una noción científica, válida y utilizable experimentalmente.

Entretanto, quizás sólo nos quede encomendarnos a Dios.


lunes, 30 de noviembre de 2009

Musarañas filosóficas (I): la religión como adaptación para la ciencia

Un breve comentario sobre dos artículos aparecidos en la página web Tendencias 21. Son textos que tratan un mismo tema, la relación entre la ciencia (la biología en este caso) y la religión, aunque desde distintos puntos de vista.

El primero, Seis razones impiden la reconciliación entre evolución y religión, viene a decir que un importante porcentaje de la población estadounidense es remisa a aceptar la teoría de la evolución biológica porque entiende que socava sus creencias religiosas -basadas normalmente en el literalismo bíblico- y porque supone que la aceptación de la evolución va en contra de la dignidad moral y ontológica del ser humano y atenta contra los principios inspiradores del sistema social y político establecido.

El segundo, El ser humano sigue siendo una criatura religiosa, contempla la religión como un mecanismo evolutivo con evidentes ventajas adaptativas en la supervivencia de los grupos de Homo sapiens, al introducir un factor de orden y cooperación que favorecería la estabilidad biológica y reproductiva de nuestra especie: moralidad y buen gobierno, por tanto, como resultados palpables del adaptacionismo religioso. Este artículo también se pregunta por el actual sentido adaptativo de la religión y sugiere la necesidad de una transformación de la religiosidad más acorde con los tiempos actuales.

Imaginemos la situación: la evolución biológica da lugar al surgimiento de un primate muy evolucionado, Homo sapiens, que entre otras estrategias adaptativas genera un sistema de creencias sobrenaturales -que podemos compendiar como 'religión' y que, en cierto modo, supone una negación consciente de su propia condición material (perdón por el tono marxiano de esta disquisición).

Al mismo tiempo, o un poco antes, o un poco después, o de forma entrelazada, Homo sapiens genera, también por presiones adaptativas, un método de pensamiento consistente en la observación, la inducción y la deducción, algo que podríamos llamar 'ciencia', para abreviar; este modo de ver el mundo, a diferencia del anterior, no supone negación alguna de lo material circundante. Más bien al contrario.

Se trata de dos dispositivos evolutivos surgidos de un mismo proceso -la hominización- para atender importantes necesidades de adaptación al entorno. Sin embargo, son estrategias esencialmente antitéticas, aunque funcionalmente complementarias. La una (religión) se mueve en el campo de lo motivacional, aunque posee una estructura explicativa; la otra (ciencia) se desplaza por el campo de lo explicativo, aunque, desde luego, no carece de un componente motivacional.

Pero la religión resulta ser una estrategia confusa: en cuanto su poder explicativo va mermando, por acción justamente de la otra estrategia adaptativa, la ciencia, va perdiendo también su fuerte poder motivacional. Por su lado, el imperialismo explicativo de la ciencia es cada vez mayor, sin que su componente motivacional se vea por ello particularmente alterado. Y, al cabo del tiempo, se llega a la curiosa situación de que la religión, antaño gran explicadora de todo, resulta ser ella misma explicada por la otra potencia evolutiva, la ciencia, sin que esta última acierte a sustituir a la primera en el plano de las motivaciones.

Sin embargo, las condiciones ambientales de Homo han cambiado. La ciencia sigue ejerciendo de estrategia adaptativa de supervivencia -en mayor o menor grado, y de forma a veces autocontradictoria. Y entretanto, la religión va asumiendo un nuevo papel, y se va dotando de una nueva funcionalidad; es ésta la de adaptar su estructura explicativa y práctica al nuevo entorno creado, precisamente, por la ciencia. La religión se desarrolla como una estrategia adaptativa de nuevo cuño y con una nueva finalidad: la de ocupar los nichos ecológicos marginales y los microhábitats periféricos del ecosistema científico. Es decir: la religión es ahora un mecanismo adaptativo que cobra sentido sólo por la existencia de la ciencia.

O sea, que la religión es una adaptación para la ciencia, una adaptación científica, una metaadaptación.

¿No es todo esto un poco raro?

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mami, ¿qué será lo que tiene el negro?: Intereconomía y el SIDA en África

¿Qué sería de nosotros sin los noticiarios de Intereconomía? La cadena del morlaco nos ha querido obsequiar con una muestra del más fino y sutil humor que imaginar quepa. En el vídeo que aparece en esta entrada se enumeran las razones que, según esta cadena de televisión, explican la poca eficacia de los preservativos en la lucha contra el SIDA en África.

En resumen, según Intereconomía, tres son las causas principales de la inutilidad del uso de la gomita a la hora de prevenir esta fatal infección: las lamentables condiciones climatológicas del continente africano -en el que predominan los ambientes húmedos y calurosos, en detrimento de las condiciones de conservación de los condones, que requieren lugares frescos y secos-, las lamentables condiciones de alfabetización de la gran mayoría de los africanos -lo que les impide leer las instrucciones de uso del adminículo de látex y derivados- y las lamentables condiciones de la manicura en los países africanos -lo que impide a sus gentes la correcta manipulación del profiláctico sin riesgo de desgarros.

Todo esto lo dicen en serio, completamente en serio. Y ante este deslumbrante análisis, me gustaría proponer algunas medidas que sin duda resultarán de utilidad:

Organizar el envío masivo de neveras, frigoríficos y desecadores industriales para lograr unas buenas condiciones de mantenimiento de los profilácticos de marras. A cambio, unas cuantas toneladas de mineral de coltán congoleño y ruandés, que tampoco tenemos por qué regalar nada a los negros del África tropical.

Habilitar a varios miles de monitores y monitoras para que expliquen a los africanos los rudimentos de la técnica de la cópula con goma y organicen grupos de prácticas. A estas alturas no les vamos a enseñar a leer, que eso no les vale para correr detrás de las liebres y los antílopes; unas buenas prácticas coitales -con evaluación final, por supuesto- son mucho más divertidas. A cambio, acceso libre a las pesquerías de Angola y Namibia, poco precio para lo bien que se lo van a pasar fornicando todo el día.

Por último, enviar un pequeño ejército de esteticistas para que, de una vez por todas, los africanos tengan las uñas que se merecen en las manos y los pies y no anden rajando condones sin descanso. Como prestación extra, nuestros negritos podrán elegir el color del esmalte. Además, a quienes rompan menos gomas con las uñas se les obsequiará con una muestra de champú, gel y perfume. ¿Con qué nos pueden pagar esta vez? Tal vez con una brigada de nigerianas jóvenes y guapas, para que nuestros puteros disfruten de un merecido solaz después de la jornada laboral.

En fin, no voy a perder el tiempo tratando de comentar lo incomentable. Dejo la respuesta en manos más competentes que las mías: ONUSIDA/UNAIDS, el programa de Naciones Unidas encargado de la lucha contra el SIDA, que resume la eficacia del preservativo en este artículo, y la revista The Lancet, que en este editorial comenta unas desafortunadas declaraciones de Benedicto XVI el pasado mes de marzo en relación con este mismo tema.


sábado, 17 de octubre de 2009

Sobre el aborto, de nuevo: muñequitos de plástico, falsos gritos silenciosos y un artículo de Carl Sagan


Una entrada rápida. Quiero presentar aquí mi modesta contribución a la manifestación convocada para hoy, 17 de octubre, en Madrid, en contra de la reforma de la actual ley de interrupción voluntaria del embarazo. Por cierto, creo que van a repartir muñequitos de plástico que simulan fetos de catorce semanas. ¿Por qué no repartir también, ya puestos, mórulas desmontables, como el cubo de Rubik?

No me extiendo en consideraciones teóricas (remito, a quien le interese, a esta entrada del blog, en la que ya traté cuestiones relacionadas con la presunta naturaleza humana del cigoto). Sólo propongo la visita a dos enlaces que guardan relación con este tema.

Uno, un artículo aparecido en el New York Times en abril de 1985 -¡y que sigamos igual a estas alturas!- sobre las manipulaciones y falsedades vertidas en una película de mediados de los ochenta, 'El grito silencioso', en pleno floruit del conservadurismo reaganiano. El artículo lo he encontrado en la página web argentina 'Derecho al Aborto'.

Otro, uno de los últimos escritos del científico y divulgador Carl Sagan, 'Entre la vida y la elección', una muy interesante reflexión en torno al aborto y a los problemas que esta cuestión suscita en términos científicos, morales y pragmáticos. Recomendable en grado sumo.

viernes, 2 de octubre de 2009

Las tribulaciones del cigoto Ferminico (una reflexión sobre el aborto)


Nadie, creo, puede encaramarse a la cuestión del aborto desde una única línea de confrontación argumental, y menos cuando en tal confrontación se mezclan afirmaciones que pertenecen a argumentarios distintos.

Me explico: cuando las organizaciones autodenominadas pro-vida o antiabortistas hablan del cigoto como del momento fundacional de una vida humana personal (retengamos ambos adjetivos, 'humana' y 'personal'), las organizaciones defensoras de las prácticas de interrupción voluntaria del embarazo replican con el derecho de la mujer a la libre elección y disposición de su propio cuerpo. Está claro que ambos 'interlocutores'-perdón si parezco algo habermasiano-utilizan discursos inmiscibles, como el agua y el aceite. Como diría un filósofo del lenguaje, las afirmaciones enfrentadas pertenecen a universos pragmáticos independientes.

Incluso en la denominación del problema se pone de manifiesto lo inconmensurable de ambos argumentarios: la cuestión del aborto para unos (acentuando el resultado final) o de la libre elección y de la interrupción voluntaria del embarazo para otros (incidiendo más bien en la práctica, en el proceso)

Con motivo de la presentación por el Gobierno del proyecto de ley para la interrupción voluntaria del embarazo y de su previsible aprobación por las Cortes Generales vuelve a agitarse el gallinero de las organizaciones pro-vida, tan silentes ellas durante los ocho años del gobierno de Aznar. Estas organizaciones han convocado una manifestación para el próximo 17 de octubre. Quizás por eso sea un buen momento para lanzar al aire un par de reflexiones sobre este asunto, sin pretender abarcar en profundidad (¡líbreme Dios!) todos los aspectos que cabrían bajo el rótulo 'problema del aborto'.

Primera reflexión: yo distingo al menos cuatro ejes de argumentación en el tema que nos ocupa. Estos ejes serían los que siguen: el aborto como problema social, el aborto como problema jurídico, el aborto como problema moral y el aborto como problema científico. Creo que una discusión a tumba abierta (no se si es una expresión muy adecuada) sobre el aborto debería abarcar, en distintos ámbitos y con interlocutores también distintos, estas cuatro perspectivas. No voy a detenerme en analizarlas -entre otras cosas, no me siento capacitado para hacerlo y no podría aportar nada nuevo a lo que ya se ha dicho otras veces-, sino que pretendo centrarme sólo en una de ellas.

Y de aquí arranca mi segunda reflexión: el aborto como problema científico, un asunto que me interesa particularmente, tal vez por mi formación de biólogo. Tengo la impresión de que esta es una dimensión que no suele figurar en la agenda argumental de quienes defienden -entre los que me cuento- una regulación más amplia que la actual de la interrupción voluntaria del embarazo. Es sin duda fundamental contemplar el aborto como un problema social de envergadura -sin hacer caso de afirmaciones tan memas como la de que 'las mujeres no ven la necesidad de una nueva regulación' (Soraya Sáenz de Santamaría dixit)- y no menos importante es abordar su regulación jurídica (¿debe ser un derecho, o simplemente una práctica no penalizada?) o su contorno moral (¿se trata de un mal moral, como he oído decir en alguna ocasión, o tan sólo de una práctica tan éticamente incolora como la de una intervención quirúrgica rutinaria?).

Dicho lo cual, creo que el movimiento en favor de una regulación del aborto como derecho dentro de una ley de plazos tiene que pertrecharse argumentalmente también en el plano científico. ¿Estoy muy equivocado, o este es un tema sobre el que suele pasarse de puntillas? ¿De verdad quienes aspiramos a una ley de plazos razonable no debemos 'meternos en jardines científicos', como no hace mucho aconsejaba un histórico prócer del partido socialista a la ministra de igualdad, Bibiana Aído?

Asomémonos, siquiera un poco, a ese jardín. El movimiento antiabortista enarbola como un mantra la afirmación de que desde el momento de la fecundación del óvulo surge la vida humana plena, vale decir, el cigoto es una persona. A modo de anécdota, en Pamplona, a principios de los años noventa, las organizaciones pro-vida solían pintar en las paredes de los edificios la carita de un niño, supuestamente uno de esos niñitos triturados en las máquinas del horror de las clínicas abortistas; el movimiento feminista, de forma muy ocurrente, bautizó a esa carita como 'Ferminico', en honor del ilustre copatrono de Navarra.

Pero, ¿es el cigoto, de verdad, una persona? ¿Se trata de una vida 'humana' y 'personal'? No parece que nuestros conocimientos científicos puedan avalar tales afirmaciones. El cigoto es, sí, la fase inicial de un proceso de desarrollo que puede culminar -o no- en la formación de un individuo adulto. Sin embargo, el cigoto no es ni siquiera un individuo: antes de la anidación, el incipiente embrión puede dar lugar a la formación de gemelos monocigóticos . Ítem más: algunas células de este prontoembrión formarán parte de la placenta, sin que pueda a priori determinarse cuáles van a ser, mientras que las restantes permanecerán como base constitutiva del futuro -o no- individuo. Es decir, el cigoto y el embrión temprano ni es un individuo de su especie biológica, ni tampoco es, sensu stricto, algo que podamos llamar individuo. Una reflexión más amplia sobre esta cuestión, en el encuadre general de la ética de la manipulación de embriones humanos, en este interesante artículo de Enrique Iáñez, de la Universidad de Granada.

En lo que respecta a la presunta naturaleza personal del cigoto-embrión. lo dicho más arriba parece arruinar esta pretensión (si algo no es un individuo, con mucha menos razón será una persona). El concepto 'persona' resulta indefinible desde el punto de vista de la biología; se trata de una noción cuya genealogía tiene poco que ver con las ciencias naturales y más con la reflexión filosófica y las creencias religiosas. Las ciencias naturales pueden definir a un organismo como un individuo perteneciente al taxón especie (los taxones superiores son más arbitrarios), pero, en el caso particular de Homo sapiens, la categorización de un especimen como persona escapa a las pretensiones y posibilidades de la biología. A propósito, Rafael Reig lo explica de forma mucho más amena que yo en esta carta con respuesta del diario 'Público'.

Y, por último, la inviabilidad natural de los óvulos fecundados durante los primeros días es de casi el cincuenta por ciento, que luego disminuye hasta un quince o veinte por ciento, también en los estadios iniciales del desarrollo embrionario. Este hecho parece casar mal con las creencias religiosas de la gran mayoría de los antiabortistas en España; si el cigoto es una persona ontológicamente completa, el comportamiento de la naturaleza -cabe, de Dios- es inusualmente cruel. Tal y como afirma el ilustre genetista Francisco Ayala, hablando sobre el 'diseño inteligente',

El veinte por ciento de todos los embarazos abortan espontáneamente durante los dos primeros meses de la preñez. El número sube a veinte millones de abortos en el mundo cada año. Me aterra pensar que hay creyentes que implícitamente atribuyen este desastre al diseño (incompetente) del Creador, con lo cual le convierten en un abortista de magnitud gigantesca.

En definitiva, las organizaciones en favor de una mejor regulación de la práctica del aborto no deberían centrar sus argumentos tan sólo en la dimensión social de este problema (con ser ésta importantísima) ni en cuestiones jurídicas de legislación comparada con otros países europeos (con ser, también, un referente necesario). El argumentario científico, al menos hasta donde las ciencias naturales pueden hablar, es fundamental para evitar que ciertas afirmaciones pretendidamente científicas adquieran la solidez de verdades incontestables. De lo contrario, estaremos asistiendo -y tal vez contribuyendo- a la implantación de nuevos mitos con pátina de racionalidad.

Pero tal vez todo esto sea demasiado enrevesado para explicárselo al cigoto Ferminico.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

La Cienciología como religión: el electrómetro contra el rosario

La cienciología es oficialmente una religión, en España, desde el 11 de octubre de 2007, a raíz de una resolución de la Audiencia Nacional contra una decisión anterior del Ministerio de Justicia. Este reconocimiento está resultando bastante más complicado en la vecina Francia, así como en otros países de nuestro entorno.

Todo este asunto del carácter sectario o puramente religioso de la cienciología plantea interesantes interrogantes acerca de la verdadera naturaleza de las creencias religiosas. Por supuesto, los fundamentos teológicos cienciológicos son disparatados -aunque el propio concepto de 'fundamento teológico' sea en sí mismo un oxímoron; sin embargo, tal vez la única diferencia con las creencias básicas de las llamadas 'grandes religiones' (zoroastrismo, judaísmo, cristianismo e islam entre otras) es que en éstas ha tenido lugar un proceso histórico de precipitado químico de narraciones originarias, conceptos, dogmas y preceptos éticos que, a la postre, han dotado a estos sistemas de cierta consistencia argumentativa, más que racional, y de una gran capacidad de penetración emocional. En definitiva, se trata de religiones históricas que han tenido tiempo sobrado de pulir sus perfiles y aristas hasta llegar a formar parte de nuestro paisaje cultural, de nuestra -diríamos- orografía existencial. La cienciología, por contraste, es más bien como el fast food de las creencias religiosas, a tenor de la personalidad de su fundador, Lafayette Ron Hubbard.

La cienciología sigue presentando perfiles muy abruptos en su trazado de dogmas y en su argumentario. Es difícil no asociar a este movimiento con una secta -la secta es algo así como el cigoto de toda religión futura- pero en esencia su armazón narrativo no es mucho peor que el de las religiones consagradas: tanto da que Moisés bajara del monte Sinaí con las tablas de la ley dictadas por Yahvé como que el gran Xenu poblara la tierra con miles de millones de almas provenientes de una extrana confederación galáctica. Al final, cada persona es libre de elegir las tonterías en las que está dispuesta a creer; tal actitud puede incluso tener efectos positivos en la vida de cada cual.

El problema viene cuando hablamos de la programación mental a la que, según parece, la sectas someten a sus adeptos. Pero ni siquiera este aspecto de la cuestión es, en principio, demasiado preocupante. En nuestro país, millones de personas están 'programadas' para convertirse en teófagos todos los domingos y fiestas de guardar, para besar tochos de madera esculpida y policromada, para considerar como personas a los óvulos fecundados, para adorar con devoción sin par ciertos restos orgánicos, normalmente de naturaleza ósea o para histerizarse al límite ante la presencia de un señor de edad provecta y vestido de blanco.

Así que ni los fundamentos teológicos ni la programación mental parecen establecer grandes diferencias entre la cienciología y sus 'hermanas mayores'. Es, quizás, sólo una cuestión de tamaño, tiempo y oportunidad. ¿Qué decir entonces de los fraudes y estafas en los que pudiera haber incurrido la iglesia cienciológica, por ejemplo, con ese curioso dispositivo llamado 'electrómetro' (¿medidor de ámbar, etimológicamente hablando?).

Vale, aquí parece que tenemos un criterio para discriminar entre 'sectas' y 'religiones'. Y, no obstante, ¿es tan distinto un electrómetro de un rosario, por ejemplo? ¿o de una estampita de la Virgen del Carmen? ¿o de una hostia consagrada? ¿o del agua bendita de la pila bautismal? Yo no lo tengo muy claro. Todas estas cosas obran como dispositivos, es decir, como objetos físicos que producen un supuesto efecto real en quien los utiliza o en su entorno vital, un efecto además dirigido y controlado. ¿Que el electrómetro cuesta dinero? Claro que sí, igual que los trajes y las fiestas de la primera comunión o los crucifijos de plata maciza, sin ir más lejos.

En definitiva, fundamentos doctrinales estrambóticos, procedimientos de programación mental y comisión de fraudes y estafas son señas de identidad que la cienciología comparte con el resto de las religiones que conforman nuestro paisaje. Y entre tanta orografía accidentada y abrupta, ¿qué más dará elevar otro montículo?

La panorámica ya la tenemos definitivamente arruinada.

martes, 15 de septiembre de 2009

Frente al laicismo disolvente, ¡Navarra siempre p'alante!

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Es sólo una noticia menor, sin ninguna relevancia social o política, pero a veces conviene detenerse en los significados profundos de este tipo de acontecimientos rutinarios. En este caso, un buen ejemplo de la separación Iglesia-Estado en la España del siglo XXI, o en la Navarra milenaria, más bien. El presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, y el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, en la ofrenda a Santa María la Real en la catedral de Pamplona. El texto de la agencia EFE dice lo siguiente:

El presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz (derecha), y el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Francisco Pérez González (centro), durante la ofrenda que ha tenido lugar en la catedral de Pamplona a Santa María la Real con la que se rememora la historia milenaria del Reyno de Navarra.

La noticia completa puede leerse en este enlace del Diario de Navarra.

Menos mal que soy de Pamplona y estoy acostumbrado a estas cosas. Sin embargo, tendemos a aceptarlas con demasiada naturalidad.

El pensamiento mítico, de nuevo, frente al pensamiento lógico.

martes, 8 de septiembre de 2009

Grandes religiones del mundo: el Pastafarismo.


El pastafarismo es una religión de muy nuevo cuño, cuyos principios doctrinales no están aún establecidos del todo. En este enlace podréis ver una entrevista a Bob Henderson, fundador de este movimiento religioso -un nombre quizás poco cool para un profeta, pero al menos fácil de recordar- que explica las circunstancias de la revelación y el ideario básico de la doctrina pastafari, cuya divinidad suprema tiene la forma de un plato volador de espaghetis con albóndigas. Sí, así de curioso.

Entrevista a Bob Henderson, fundador del pastafarismo