"Del mito al logos" (Vom Mythos zum Logos) es el título de una obra del filólogo alemán Wilhelm Nestle, escrita en el año 1940. Con esta expresión el autor quería significar la transición entre el pensamiento mágico y el racional. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los terrenos del mito siguen siendo demasiado amplios, a costa del logos. Aun entendiendo que la frontera que las delimita no es una gruesa línea recta, sino un trazado sinuoso y sorprendente, conviene no confundir estas dos naciones. Es lo que trataremos de hacer aquí. Bienvenidos.
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domingo, 29 de noviembre de 2009

La inestable identidad del embrión humano en la lógica de proposiciones



En un artículo publicado en El País y titulado Derecho a la vida y obligación de protegerlo, la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga desarrolla un interesante argumentario en apoyo de su postura, contraria al proyecto de ley de ampliación de los supuestos del aborto (e imagino que contraria al aborto en cualquier supuesto). Quiroga elige tres núcleos de argumentación para sostener su postura: la religión, la ley y la biología.

Su argumento religioso se limita a desautorizar una referencia de José Bono, presidente del Congreso de los Diputados, a la encíclica Evangelium Vitae y realmente no aporta gran cosa a la discusión general, por lo que carece de interés. Sin embargo, en el resto de su artículo, Arantza Quiroga entremezcla los razonamientos legales y biológicos e incurre en ciertas contradicciones o, al menos, en ciertos vicios discursivos. En la parte de la discusión legal apela a la protección de la vida humana como obligación política y jurídica, dando a entender con toda claridad que el embrión posee ya todos los atributos de lo que cabe entender como 'vida humana' -"¿Es acaso esa vida menos digna por encontrarse en un periodo más temprano de desarrollo?", se pregunta Quiroga, que parece no entender que tal vida no se encuentra en fase alguna de desarrollo, sino que es la vida misma la que va creándose durante ese mismo desarrollo. Se trata de una confusión, nada extraña por otro lado, entre estado y proceso; en nuestro caso, la vida no es un estado previo que va desarrollándose, sino un proceso que existe en tanto en cuanto va ocurriendo.

Pero no es este el motivo de mi crítica argumentativa al artículo en cuestión. Porque si, como hemos visto, en su razonamiento legal la autora parte de una afirmación de principio (la vida del embrión es plenamente humana) como apoyo para sus tesis, en la parte de la discusión biológica introduce esta afirmación como algo que justamente debe demostrarse científicamente, y en tanto no sea así, debe aplicarse el famoso principio de in dubio pro reo.

Carezco de conocimientos jurídicos, pero me pregunto si la ley puede proteger un bien del que no se sabe con seguridad si existe o no. Los ejemplos que cita el artículo como aplicación del principio in dubio pro reo -la libertad, el bienestar laboral y la conservación del medio ambiente- son bienes que sin duda existen, algo que no queda claro en el caso de la vida humana -en la total acepción de este término- en un embrión de hasta 14 semanas (el plazo establecido por el proyecto de ley antedicho).

En cualquier caso, no me interesa tanto destacar los aspectos legales de este asunto -sobre los que bien poco puedo opinar- cuanto poner en evidencia cierta inconsistencia argumentativa y discursiva en la reflexión escrita de la señora Quiroga. Veámoslo.

Simplificando, Arantza Quiroga sostiene su razonamiento legal en una tesis que da por demostrada para, a continuación, afirmar que dicha tesis no está demostrada y que, mientras no se demuestre, debe aplicarse el razonamiento legal del principio. O, más o menos así: "está demostrado que el embrión posee una vida plenamente humana y la ley debe protegerla; pero como no está científicamente establecido que el embrión tenga una vida plenamente humana, la ley deberá igualmente protegerla por si acaso". Resumiendo aún más: "si está demostrado y no está demostrado que el embrión tiene una vida plenamente humana, entonces la ley debe protegerla".

O, en formulación algo más técnica:

[Si A (está demostrado que el embrión posee plenamente la vida humana), entonces B (la ley debe proteger al embrión). Es así que A, luego B].

Hasta aquí, todo bien (se trata de un razonamiento típico conocido como modus ponens, o afirmación del antecedente). Y, a continuación, utilizando esta misma figura lógica:

[Si no-A (no está demostrado que el embrión posea plenamente la vida humana), entonces B (la ley debe proteger al embrión). Es así que no-A, luego B].

En definitiva,  si [A y no-A], entonces B.

En lógica se suele decir que de una contradicción puede inferirse cualquier cosa, de modo que B podría ser, en efecto "la ley debe proteger al embrión", pero también podría ser "la ley no debe proteger al embrión" o "la ley debe condenar a pena de muerte a todos los calvos que se peinen con cortinilla", o "la ley no debe condenar a pena de muerte a todos los calvos que se peinen con cortinilla", o incluso "la ley debe condenar a pena de muerte a todos los calvos que no se peinen con cortinilla". Y así hasta el infinito.

Quod erat demonstrandum.

viernes, 16 de octubre de 2009

'Los peces de la amargura': deslumbrantes fogonazos de brutalidad




"En silencio se agachó junto a la cuneta, buscó un poco entre los hierbajos y los desperdicios y encontró por fin algo que le sirviera de reliquia de aquella tierra donde dejaba enterrado a su marido. Desde entonces ha llevado siempre consigo esta pequeña piedra blanca que ven ustedes ahora en mi mano".

(Fernando Aramburu, 'Los peces de la amargura')

Un disparo no tiene estructura narrativa, no se desenvuelve según la secuencia tradicional de exposición, nudo y desenlace. Un disparo es un argumento instantáneo, un fogonazo que transita de la existencia a la inexistencia. Un disparo, en realidad, es una brutalidad fugaz, adimensional e indivisible.

En 'Los peces de la amargura', el escritor donostiarra Fernando Aramburu nos ofrece diez de estos disparos en forma de cuentos sobre la violencia de ETA desde un doble punto de vista: el de las víctimas y el de un sentido sórdido de lo cotidiano. Son diez estampas adimensionales en las que el tiempo narrativo se congela en un fogonazo eterno. Se trata de historias que no empiezan ni acaban, que se anegan en un presente lento e inexorable, en el lento chapoteo de la experiencia de un horror espeso, andrajoso, chusco y cutre.

Aunque el libro fue editado en 2006, he tenido ocasión de leerlo en estos dos últimos días. Como lector, he sentido un enorme placer (son cuentos magníficos escritos en una meritoria prosa a veces intencionadamente tosca) y un enorme estremecimiento (por los contenidos de las narraciones). Sin ningún efectismo estilístico -más allá de la imitación del habla cotidiana de la gente de cultura media y baja que puebla las páginas del libro- cada uno de los cuentos -de los disparos, por mejor decir- es un retrato al natural, como una estampa fotográfica de la cotidianidad aberrante en muchos lugares del País Vasco y Navarra.

Pero es algo más, mucho más que eso. 'Los peces de la amargura' es un desfile de soledades, humillaciones, miedos, egoísmos y cobardías encarnados en muchos de los personajes hasta una métrica esperpéntica. Me han impresionado en este sentido cuentos como 'Madres', 'La colcha quemada' o la terrible narración 'Enemigo del pueblo'. No obstante lo cual, Aramburu ha sabido reservar un lugar para cierta doliente ternura -es el caso del cuento 'El hijo de todos los muertos'- e incluso para un humor rayano en lo cínico -como en 'Después de las llamas', en el que se atisba también una mínima posibilidad de arrepentimiento y perdón.

Y, pese a todo, el autor no regatea una proporcionada compasión por los otros, los victimarios, convertidos sin duda en verdugos de sí mismos y en figuras repletas de un pathos muchas veces grotesco, como se pone de manifiesto en 'Golpes en la puerta'. Aunque queda claro que ellos, los asesinos, no son el centro de interés de estos cuentos deslumbrantes: el punto de gravitación narrativo corresponde, más bien, a la masa indolente de una sociedad enferma y con notables rasgos de esquizofrenia. En esto, Aramburu nos regala un fresco magistral de estampas espléndidas.

Un libro de relatos que ofrece, en definitiva, una lectura placentera y una reflexión atribulada.

jueves, 17 de septiembre de 2009

La prostitución, la biología y la falacia naturalista

En un interesante artículo que he encontrado en la página web de 'Tercera Cultura', María Teresa Giménez Barbat plantea dos cuestiones de gran interés en relación con la prostitución.

En primer lugar afirma el carácter biológico último de esta práctica, desde una perspectiva naturalista: el esfuerzo reproductivo de las hembras (su 'inversión en la descendencia') es sin duda mayor que el de los machos, razón por la cual aquéllas tienden a mostrarse muy selectivas con éstos (no pueden quedarse con cualquiera, pues necesitan garantizar de forma fiable el futuro de su descendencia, que tantos esfuerzos le cuesta sacar adelante). De este modo, el sexo se convierte en un bien preciado y escaso, y las hembras pueden permitirse traficar con él: es la teoría de la inversión parental, de Robert Trivers. La prostitución no sería, de este modo, una práctica cultural, sino un comportamiento biológico en último término (aunque, por supuesto, mediado culturalmente en el caso de los seres humanos).

En segundo lugar, la autora sostiene -con buen criterio, entiendo- que el 'es' no implica el 'debe' (esta sería la falacia naturalista, mejor llamada problema del ser y el deber ser o 'guillotina de Hume') y que, por tanto, el carácter originariamente biológico de la prostitución no justifica su práctica ni mucho menos su regulación 'profesional'. Giménez Barbat rechaza la consideración de la prostitución como un oficio, pues se trata de una forma de explotación de la mujer por el hombre (y, en menor medida, del hombre por otros hombres).

La regulación de la prostitución es una cuestión polémica, y las propuestas que se cruzan sobre este particular pueden estar animadas, sin duda, por las mejores voluntades. Como ejemplo de argumento prorregulatorio -bastante flojo, en mi opinión- aquí tenéis un artículo de Javier Marías al respecto (he de decir que Marías es un magnífico escritor, pero un más que opinable sociólogo). Sin embargo, al menos uno de los argumentos en favor de la regulación de esta práctica descansa sobre la mentada falacia naturalista: puesto que la prostitución es una realidad inerradicable, debe ser entonces una realidad legalmente administrable. Puesto que existe, entonces debe existir.

No es el único argumento rebatible, pero pienso que es el más importante.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Una disculpa que ha tardado 55 años en producirse

Por fin, el gobierno británico, por boca del primer ministro Gordon Brown, ha pedido oficialmente disculpas por el trato que anteriores gobiernos de Su Majestad dispensaron al científico Alan Turing (véanse más detalles en la entrada de este mismo blog). Downing Street ha emitido un comunicado oficial al respecto (puede verse aquí), tal y como recoge el diario Público en esta noticia.

Alan Turing murió en 1954, dos años después de haber sido obligado a someterse a un proceso de castración química por su condición de homosexual, y pese a los impagables servicios que prestó a su país durante la Segunda Guerra Mundial en tareas de descodificación de los mensajes secretos del ejército alemán; todo esto, además, sin tener en cuenta sus aportaciones en el campo de la computación y el desarrollo de las teorías sobre la inteligencia artificial, unas aportaciones difíciles de sobreestimar a día de hoy.

Dos años de infierno personal y cincuenta y cinco años de espera hasta la declaración oficial de disculpas por parte del gobierno británico. Era de imaginar que no se iba a tardar tanto como con Galileo -son épocas históricas distintas y, sobre todo, el gobierno británico no es la iglesia católica-, pero más de medio siglo de retraso se me antoja un tiempo excesivo para reconocer la comisión de una injusticia que tuvo consecuencias verdaderamente trágicas.

Por cierto, ¿ha pedido el gobierno ruso alguna vez disculpas por el 'caso Vavílov'?


lunes, 7 de septiembre de 2009

Alan Turing, un científico genial que se peinaba a raya y era homosexual

Alan Turing fue, sin temor a exagerar, un genio: se le considera el padre de la computación moderna. Sus aportaciones al desarrollo de la inteligencia artificial son indiscutibles. Durante la Segunda Guerra Mundial, y junto con algunos notables lógicos y matemáticos polacos exiliados en Gran Bretaña, fue capaz de descifrar los códigos del hasta entonces impenetrable sistema 'Enigma', que codificaba la información secreta circulante entre las líneas del ejército alemán.

Cuando terminó la contienda, al salir a la luz accidentalmente la homosexualidad de Turing, el gobierno británico pagó sus servicios con la castración química, condenándole a un tratamiento hormonal por inyección de estrógenos. Esto le ocasionó la aparición de pechos y un aumento considerable de peso. Al cabo de dos años, Turing se suicidó, aunque las circunstancias de su muerte son aún confusas.

Por suerte, hoy estamos dispuestos a admitir que la orientación sexual de Turing tiene la misma importancia que el hecho de que se peinara a raya y no con flequillo. Por esta razón, el infalible e infatigable Richard Dawkins, azote de curas, rabinos y ayatolás, está promoviendo una recogida de firmas entre los ciudadanos británicos para exigir del gobierno de Su Majestad una disculpa oficial por el trato que el científico recibió en vida.

Ya veremos, pero en todo caso cabe esperar que los reflejos de Gordon Brown y su equipo sean algo más rápidos que los de la Iglesia Católica en el caso Galileo, aunque con la pérfida Albión nunca se sabe.

Aquí tenéis el enlace a la noticia.

Público.es - Disculpas para honrar la memoria de Alan Turing

Un perfil más completo de Alan Turing se puede encontrar en la Wikipedia, cómo no.

Alan Turing - Wikipedia, la enciclopedia libre

sábado, 5 de septiembre de 2009

¿Sanidad pública o privada? Artículo del profesor Vicenç Navarro

En este artículo, aparecido en el periódico 'Público', el profesor Navarro desmonta un topos habitualmente ocupado por el pensamiento mítico: el de la mayor calidad y eficacia de la sanidad privada respecto de la sanidad pública. Para leer el artículo podéis pinchar este enlace:

¿Sanidad pública o privada?